
Como apasionado de la historia que siempre he sido, he acabado por tener una especial simpatía por determinados personajes históricos, simpatía que ha derivado en una especie de fascinación por ellos.
Hay dos casos muy especiales para mi, la protagonista de esta entrada e Isabel Clara Eugenia, la hija favorita de Felipe II. Dos mujeres que destacaron por su fuerte personalidad, inteligencia y una resistencia a quedar relegadas en un mundo dominado totalmente por los hombres.
Centrándonos en Catalina, personaje reconocido pero realmente poco conocido, dió toda su vida una muestra constante de dignidad y saberla mantener en todo momento, por difíciles que fueran las situaciones.
Hija menor de los reyes Católicos, embarcó siendo una adolescente hacia Inglaterra con el fin de desposarse con el Príncipe de Gales, Arturo; este murió al poco tiempo, y ante la posibidad de casarse con el padre del príncipe, el rey Enrique VII, posibilidad negada por los padres de ella, acabó casándose con el hermano menor de Arturo, el futuro Enrique VIII.
Fueron dieciocho años de matrimonio, que todo el mundo sabe como terminaron, ante la eterna espera de un varón como heredero y el encaprichamiento del rey por Ana Bolena, dió lugar a su separación y posterior cisma de la Iglesia de Inglaterra.
Era una reina casi venerada por su pueblo, que siempre apreciaron su generosidad con los más débiles y su saber estar constante en todas sus acciones. Con el devenir de los acontecimientos, la reina repudiada se erigió en toda su dignidad de soberana para hacer respetar sus derechos y los de su hija. Con su resistencia demostró la fortaleza de su carácter. En este sentido, Catalina no cedió a ninguno de los medios a los que se recurrió para hacerla ceder: se la alejó del palacio real, haciéndola aposentarse en lóbregas residencias; se la amenazó con un juicio y con una sentencia por traición. A todo opuso su firme convicción de que prefería la muerte a la deshonra, y de que su destino y el de su hija estaban en manos de Dios.
Tras años de sufrimiento, murió en esas tierras que le fueron tan ingratas, y en las que sería enterrada, pero dejando constancia, hasta el momento final, de que ella era la única y verdadera reina de ese país, y su hija, por tanto, la real heredera, Se dice que en las oraciones que musitara en su lecho de muerte expresaba; “Dios mío, perdónalo tú a Enrique, porque yo no puedo”. Shakespeare diría de ella: “Reina de todas las reinas y modelo de majestad femenina!". Falleció a los cincuenta años de edad.
El complemento musical de esta entrada, viene que ni pintado; Rick Wakeman, teclista del grupo Yes, dedicó un disco a las seis esposas de Enrique VIII, componiendo un tema dedicado a cada una de ellas.
El video que he encontrado es una maravilla, combinando imágenes de Wakeman tocando la pieza con otras extraidas de un documental de la BBC dedicado al tema, espero que os guste.
Con esta entrada sólo he querido reivindicar a una mujer extraordinaria, con la que la suerte no fue muy generosa y casi siempre injusta.
J.Carlos
RICK WAKEMAN (Catherine of Aragon) 1972