
Vuelvo del viaje infinito y cercano,
de retirar las espigas amargas de mis campos,
de dominar las fieras audaces de mis esquinas,
respirando oxígenos de lavanda y flores azucaradas.
He recorrido muchas leguas de dudas pertinaces,
buscando soles escondidos en pozos sin solsticios,
aprendiendo nuevas lenguas de gramática quimérica,
siendo testigo de letras mudas y gritos silentes.
Pero he encontrado una cascada dorada de aguas tenaces,
unos ojos sinceros que hablan sin palabras,
un cielo abierto donde se acunan las estrellas,
con aromas dulces de miel y frutas encarnadas.
He vuelto para quedarme, para ser y estar,
para regalar luces y noches de verano,
para beber el vino de la vida a la luz de tus velas,
nunca me fuí del todo, pero regreso para siempre.
Sólo quiero amar, sólo quiero vivir.
J.Carlos