
Desde el inicio de este blog, me venía rondando la idea de hacer un homenaje a Miguel Hernández, uno de los culpables de que me diera por juntar palabras a ver que pasaba.
Os dejo con tres temas del álbum, quizás las más representativas de él y de la poesía de Hernández; algo más que un simple poeta, un hombre sincero y fiel a si mismo, que nos dejó con sólo 31 años, después de estar tres años de carcel en carcel, en aquellos años cainitas y despiadados que asolaron España; y que el tiempo y su calidad humana y como autor, le han puesto en el lugar que le corresponde en las letras hispanas, en lo más alto.
ELEGÍA
Es la expresión de la rebelión del poeta ante la muerte de su amigo Ramón Sijé, cuyo nombre verdadero era José Marín Gutiérrez, compañero de tertulias literarias en Orihuela; con la orquestación y el arreglo musical se consigue un tono de tristeza, pero acompañado en partes de la canción con un tono de esperanza.
NANAS DE LA CEBOLLA
La historia del poema es escalofriante, Hernández escribe el poema "nana a mi niño", después de recibir, cuando ya estaba encarcelado, una carta de su mujer comentándole, que sólo tenían para comer pan y cebolla y ella estaba amamantando al hijo de ambos, y se desesperaba por poder sacarlo adelante, ya habían perdido a su primer hijo con sólo 10 meses.
La música del tema es obra de Alberto Cortez; suena un poco monótono, con el sonido constante del bajo eléctrico como guía del mismo; pero como explica Burrull, "tiene la cadencia típica de una canción de cuna"; es una nana, no se podía hacer de otra forma.